Cómo construir una distopía terrorífica I


Porque un futuro distópico puede aterrar. Y mucho.

Buenas a todos, queridos lectores. ¿Fue bien el Día del Libro? Espero que sí. Yo os subiré en breve un pequeño reportaje sobre mi experiencia firmando por primera vez en Barcelona. 

Pero de momento, vamos con un macro-tutorial en varias partes, que sí que os gustan y que les soléis sacar todo el jugo. ¡Allá que vamos! ;)

Últimamente las novelas distópicas están en auge. Empezaron invadiendo en YA hará cosa de una década y ahora se han convertido en un pilar destacado de la literatura de género, cosa que ha promovido la reedición de muchas de estas obras escritas en el siglo pasado.

El mejor ejemplo de esto lo vemos con la recuperación de la novela de Margaret Attwood, El cuento de la Criada, también adaptada a la pequeña pantalla y que día tras día suma más adeptos. Si queréis saber más, aquí os dejo la ficha de obra y autora que hicieron las amigas de La Nave Invisible.

Escrita en 1985 y aterradoramente plausible aún en 2018

La recuperación de este género literario, tan prolífico durante el siglo XX, va vinculada al panorama de cambio que vivimos en la actualidad. La sociedad denuncia aquello que no le agrada y nos advierte a través de estas historias del terrible futuro que nos aguarda si no viramos el rumbo.

No importa si eres fan de Orwell, de Huxley o de los nuevos autores. La distopía ha vuelto para quedarse y reclamar el merecido lugar que le corresponde dentro de la literatura de género y de las novelas de especulación.

Pero construir una distopía no siempre es sencillo. No en vano, debemos crear una sociedad desde cero y al tiempo que la hacemos sostenible, debemos imbuirla de esa aura terrible que haga desear al lector no terminar viviendo en ella bajo ninguna circunstancia.

Así pues, en el artículo de hoy aprenderemos cómo construir una sociedad distópica y aterradora desde la base. Y de paso, comentaremos algunas de las novelas más famosas de este género, para que ampliéis la lista de lecturas ;)

Especial St. Jordi 2018


Porque el Día del Libro hay que celebrarlo como merece.

Hoy os traigo un post muy breve. A menos de 48h para que de inicio el día más importante para los amantes de las letras y la lectura, me dispongo a ofreceros una lista completa de lecturas óptimas para regalar (y autoregalar) en estas fechas.

¡Disfrutadla mucho!

El erótico fantástico hay que hacerlo


Porque la sensualidad es parte de la literatura de género.

Como ya sabréis quienes me seguís en redes sociales, hará cosa de un par de semanas se dio a conocer el Concurso Empotradoras, un proyecto que tiene como objetivo reivindicar los elementos eróticos dentro de la literatura de género (fantasía, ciencia ficción y terror).

Muchos habéis manifestado que os gustaría participar, pero que el erotismo no es lo vuestro. Que describir polvetes no os sale bien ni a la de tres. Tranquilos.

Es normal que os de algo de respeto, sobre todo si no estáis acostumbrados a teclear escenas candentes. Pero no queremos perderos vuestros relatos por ese miedo. De modo que aquí tenéis una serie de prácticos consejos para que escribir erótico fantástico no se os haga cuesta arriba.

Como dice la muy estimada Coral Carracedo, el erótico fantástico no nace: hay que hacerlo.

Reseña: American Gods

 Porque la divinidad es algo relativo y cambiante.



BÁSICO

Título: American Gods
Editorial: Rocabolsillo
Autor: Neil Gaiman

EDICIÓN

Formato: Tapa blanda
Nº de páginas: 560
Año de edición: 2013
Precio de compra: 9,95€
(Puedes adquirirlo aquí)

PUNTUACIÓN: 3/5 



¿Alguna vez te has preguntado qué pasa con los dioses cuando sus cultos y sus fieles desaparecen? ¿No te has planteado nunca qué aspecto tendrían si vivieran entre nosotros?

Si estas preguntas (y otras del mismo estilo) te han pasado por la cabeza en alguna ocasión, debo decirte que estás de suerte: acabas de encontrar el libro adecuado para darles respuesta con mucho humor negro.

El delicado arte de matar personajes


Porque asesinar a nuestras creaciones es un reto creativo.

Una de las cosas que más cuestan a los escritores, sean del género que sean, es hallar la forma de dar una muerte adecuada a nuestros personajes.

Entre otras cosas, porque en esta cuestión entra en conflicto, por un lado, nuestro deseo de dar un final digno para este personaje, y por otro lado, la necesidad de presentar dicha muerte como algo verosímil y justificable a ojos del lector.

Porque uno no puede ir asesinando a todo lo que se mueve en su novela, ni resulta creíble que justo en el último momento el villano muera de un infarto, por mucho que en la vida real esto sea plausible. A fin de cuentas, la ficción se mueve por sus propias reglas.

Con el fin de haceros la tarea de darle matarile a vuestros hijitos de tinta, permitidme que os ilustre en el delicado arte de matar personajes con unas sencillas fórmulas.

Carta de un escritor cualquiera


Hoy tenía algo que deciros. De hecho, había preparado un texto sesudo y largo al respecto, con fotografías y frases relacionadas con el argumento del post.

Pero luego me di cuenta de que no tenía derecho a deciros lo que contenían esas frases y lo borré entero. Bueno, lo guardé en un cajón, por si más adelante me es de menester utilizarlo.

La literatura, como la sociedad, es plural y diversa. Y es por eso que cada autor concibe su arte de forma completamente distinta, y lo que para mí es una herramienta de reivindicación, para otro puede que sea solo una fuente de placer y entretenimiento.

Y eso está bien, por mucho que personalmente ni me guste ni lo comparta, porque significa que aún somos libres de decidir lo que hacemos con nuestro arte. Si bien cada día resulta más difícil publicar obras cuyo contenido resulte "comprometido" o poco halagador con ese público exquisito del palco al que genéricamente llamamos Poder.

Lo malo será el día en que solo podamos teclear historias asépticas y vacías, que no inviten a la reflexión ni defiendan causa alguna de las muchas que merecen ser abanderadas por nuestra sociedad, como el feminismo, la normalización de la diversidad... etc.

Pero no me aterra, porque cuando llegue ese día, sé que todos los artistas, indistintamente de lo que piensen o hagan, pondrán su obra a disposición de la sociedad de la que forman parte. Y entonces seremos invencibles, como siempre que andamos juntos.

Att. Un escritor cualquiera

Los escritores tienen síndrome de Adán


Porque a veces el worldbuilding se nos va de las manos.

Seguro que en no pocas novelas de género os habéis encontrado con que los personajes llaman de forma compleja o artificiosa a objetos cotidianos. De este modo, un simple martillo se convierte en un golpeador de metales.

Este curioso fenómeno es lo que yo llamo Síndrome de Adán, en referencia al personaje bíblico. Según dice en el Génesis, cuando Dios creó a Adán, lo dejó sentadito en una roca y ante él pasaron todos los animales existentes, a los que fue bautizando uno a uno según se le iba ocurriendo.

Del mismo modo que Adán, los escritores a veces se empachan de worldbuilding (mira que os tengo dicho que es peligroso...) y acaban nombrando hasta a las anodinas cucharas de palo por vocablos complejos e innecesarios.

Pero ¿es siempre negativo jugar con la nomenclatura? ¿Hasta qué punto es necesario o una exageración?

La respuesta a todas estas preguntas la tenéis en el siguiente post ;)